Adolescentes y adultos jóvenes de Estados Unidos, algunos todavía estudiantes de secundaria, participan en redes de tráfico de armas que abastecen a algunos de los cárteles más poderosos y violentos de México, de acuerdo con un reportaje de Paulina Villegas publicado por The New York Times.
El diario documentó durante meses las actividades de cuatro traficantes de armas de entre 16 y 19 años, todos estudiantes o exalumnos de secundaria en el oeste de Phoenix, Arizona, quienes permitieron a Villegas observar cómo adquirían armas de fuego y las vendían a compradores vinculados con organizaciones criminales.
Los adolescentes, quienes solicitaron mantener el anonimato debido a la naturaleza ilegal de sus actividades, dijeron que obtienen pistolas y rifles de alto calibre mediante mecanismos legales e ilegales y que venden las armas casi exclusivamente a operadores de cárteles con sede en Estados Unidos.
Villegas reportó que pudo observar transacciones realizadas en tiempo real mediante chats grupales encriptados de WhatsApp y canales de Telegram. Meta, propietaria de Facebook y WhatsApp, dijo a The New York Times que sus plataformas no permiten la compra, venta o intercambio de armas.
El diario señaló que las identidades de los jóvenes fueron corroboradas mediante documentos oficiales, mientras que otros elementos de sus relatos fueron contrastados con autoridades estadounidenses en funciones y retiradas y expertos en tráfico de armas.
Según The New York Times, las autoridades estadounidenses sostienen que los grupos criminales mexicanos recurren cada vez más a adolescentes y adultos jóvenes en estados fronterizos como Arizona. La cercanía con México, la presencia de integrantes de cárteles en territorio estadounidense y la posibilidad de obtener dinero rápidamente han favorecido la expansión de estas redes.
Una tercera parte de los traficantes identificados tiene menos de 25 años
Datos federales estadounidenses citados por The New York Times muestran que los jóvenes representan una proporción significativa de los traficantes de armas.
De más de 11 mil traficantes cuyas edades fueron identificadas en investigaciones de la ATF realizadas entre 2017 y 2021, alrededor de una tercera parte tenía menos de 25 años y cerca de 5 por ciento tenía menos de 17 años.
Las cifras corresponden a investigaciones realizadas en todo Estados Unidos y no especifican cuántos de esos traficantes estuvieron involucrados en el suministro de armas a México.
Jason Red, exagente de Investigaciones de Seguridad Nacional que investigó redes de tráfico de armas en Arizona junto con la ATF entre 2015 y 2020, dijo al diario que todos los casos de tráfico con múltiples participantes que revisó involucraban al menos a un adolescente, con frecuencia un estudiante de secundaria.
Red explicó que las investigaciones inicialmente identificaron a adolescentes que introducían armas a México, pero posteriormente los agentes descubrieron que los jóvenes también las obtenían por internet, redes sociales o mediante compras legales a partir de los 18 años.
“Los cárteles usan a cualquier persona”, dijo Red al diario. “Para ellos, estos son compradores desechables. Los adolescentes no lo piensan mucho. No piensan en las consecuencias a largo plazo”.
Uno de los adolescentes entrevistados por Villegas, identificado como JM, relató que comenzó a traficar armas hace dos años, cuando él y dos amigos se reunieron durante una pausa entre clases en el baño de su escuela para idear una forma de reunir 700 dólares y comprar un arma.
Uno de los jóvenes vendía bocadillos, otro trabajaba en un restaurante y el tercero, que tenía 18 años, podía comprar legalmente un arma en una tienda autorizada.
Los tres adquirieron un rifle estilo Kalashnikov por 700 dólares, lo vendieron por mil 200 y dividieron las ganancias. Después reinvirtieron el dinero en más armas.
Ahora, con 18 años, JM dijo que coordina a decenas de estudiantes de al menos 20 escuelas secundarias de Phoenix que adquieren armas mediante diferentes vías. Según afirmó, la mayoría termina en México y en manos de integrantes de cárteles.
Villegas señaló que conoció a JM el otoño pasado a través de un operador del Cártel de Sinaloa establecido en Arizona, quien le dijo que las redes de estudiantes de secundaria coordinadas por el joven se habían convertido en algunos de sus principales proveedores debido a su capacidad para conseguir armas de alto calibre.
De acuerdo con autoridades y exfuncionarios citados por el diario, los cárteles recurren a adolescentes para trasladar armas debido a que suelen enfrentar sentencias más cortas si son detenidos, tienen antecedentes penales limpios y pueden ser atraídos con mayor facilidad por la promesa de dinero rápido.
“Lo que hagan con las armas ya no es mi problema mientras yo tenga mi ganancia. Y a los que matan no los matan por inocentes”, dijo El Flaco, al referirse a los cárteles.
JM afirmó que su red no está alineada con una organización criminal específica, aunque reconoció que la mayoría de las armas que suministra terminan en manos del Cártel de Sinaloa.
Armas obtenidas legalmente, robadas o mediante grupos de WhatsApp
Los adolescentes entrevistados por Villegas describieron diferentes métodos para obtener las armas.
Quienes tienen edad suficiente las compran con vendedores con licencia, mientras que otros las roban de casas y vehículos o incluso a sus propios padres. El Flaco dijo que algunos buscan armas en grupos de compraventa de WhatsApp y Telegram, acuerdan reuniones y utilizan billetes falsos para concretar las operaciones.
Los jóvenes también dijeron que, después de obtener las armas, en ocasiones eliminan sus números de serie utilizando pulidores eléctricos para uñas, con el objetivo de dificultar su rastreo.
Las armas son almacenadas en casas de seguridad, unidades de almacenamiento o departamentos de los propios traficantes hasta que integrantes de algún cártel pasan por ellas. En otras ocasiones, los adolescentes pagan a otros estudiantes para trasladarlas en automóvil hasta la frontera y entregarlas en puntos establecidos en México.
JM también relató que, hasta hace poco, las tiendas de armas constituían una de sus principales fuentes de abastecimiento y describió acuerdos clandestinos en los que propietarios, gerentes y empleados supuestamente inflaban los precios para quedarse con parte de las ganancias.
La ruta de las armas hacia México
El reportaje señala que la amplia disponibilidad de armas en Estados Unidos y las leyes permisivas en estados fronterizos como Arizona han contribuido al flujo de armamento hacia México.
Autoridades mexicanas estiman que hasta 500 mil armas de fuego son introducidas ilegalmente desde Estados Unidos hacia México cada año, según cita el diario neoyorquino. Los cárteles, según el reportaje, rara vez compran las armas directamente. En su lugar recurren a capas de intermediarios, reclutadores y compradores en Estados Unidos para mantener distancia entre sus integrantes y las armas.
El margen de ganancia puede ser considerable. Una pistola Beretta de 9 milímetros que cuesta alrededor de 700 dólares en Estados Unidos puede revenderse hasta en mil 500 dólares. Una Colt .38 Super, utilizada desde hace tiempo por organizaciones criminales mexicanas, tiene un precio aproximado de mil 200 dólares en Estados Unidos y puede alcanzar hasta 2 mil 500 dólares entre compradores de los cárteles en México.
JM dijo que su grupo tiene un apodo entre sus clientes en México: Los Chicos Phoenix. “Estamos aquí para lo que se ocupe, cualquier grupo”, afirmó.
El reportaje de The New York Times también documentó el uso de dinero falso para adquirir armas.
Uno de los jóvenes, de 19 años y conocido como ‘El Güero’, mostró a Villegas un billete falso de 20 dólares que a simple vista parecía auténtico. Al colocarlo frente a la luz, sin embargo, se podía leer una marca de agua que decía “PARA FINES CINEMATOGRÁFICOS”.
El adolescente dijo que utilizaba fajos de efectivo falso para comprar armas en Phoenix. Según explicó, buscaba vendedores en grupos de Telegram, negociaba los precios y concertaba reuniones en estacionamientos de la ciudad para entregar el dinero falso. Las armas obtenidas de esa manera posteriormente llegaban a JM, El Flaco u otros compradores.
Pese a los riesgos, El Flaco dijo que el negocio sigue siendo suficientemente rentable para que los jóvenes continúen participando. Aseguró que incluso durante un mal mes puede obtener entre 4 mil y 5 mil dólares.
Hasta el momento de las entrevistas realizadas por Villegas, los jóvenes afirmaron que no habían sido detenidos. Más de un mes después de que la periodista abandonara Phoenix, volvió a reunirse con JM, esta vez en Sinaloa, donde vive su madre.
El joven dijo que la demanda de armas había aumentado de manera significativa durante las semanas anteriores, pero también el escrutinio de las autoridades. Afirmó que creía que la policía estaba acercándose a él y que por ello había decidido permanecer oculto en Sinaloa “hasta que las cosas se calmen”. “Va a seguir habiendo jale cuando regrese”, dijo JM, según el reportaje de The New York Times.





