Por Ángeles Mariscal
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Las familias que buscan a sus desaparecidos invitaron formalmente al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a una jornada de búsqueda en campo en el Ajusco, al sur de la Ciudad de México, como parte de la gira que los insurgentes realizarán en diciembre próximo. El Ajusto es la zona boscosa que ellas mismas llaman “cementerio clandestino”.
La invitación se hizo el 2 de octubre en el CIDECI-Unitierra, en el conversatorio Gira por la Vida, Capítulo México, organizado por el espacio Conciencia y Memoria. El conversatorio fue el preámbulo del viaje zapatista a la capital. En reunión, una delegación de alrededor de cien zapatistas, con pasamontañas y paliacate rojo al cuello, escuchó a las madres. Al frente estaban el subcomandante Moisés y el Capitán Marcos.
Lo que se dijo en la mesa describe una misma escena con distintos acentos: las familias hacen la búsqueda que el Estado no hace, y cada vez pagan más caro por hacerla. Lo cuentan una madre que excava barrancas donde opera el crimen organizado, una red que recorre once estados y una mujer de Chiapas a quien le mataron a la hija, también buscadora, mientras ambas buscaban al padre.
El abrazo zapatista llega a las buscadoras como un “gracias”
El viaje fue anunciado por el subcomandante Moisés en julio. “Sentimos que tenemos que expresar personalmente nuestra admiración, nuestro cariño y nuestro respeto a los colectivos de buscadoras y buscadores”, dijo entonces.
La delegación zapatista se hospedará en la Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas Samir Flores Soberanes. Ahí recibirá el 1 de enero de 2027 el 33 aniversario del levantamiento de 1994.
En el CIDECI, el Capitán Marcos explicó qué significa ese abrazo que pretenden dar a las buscadoras. Lo hizo con una imagen: entre los escombros de una catástrofe, quien cree escuchar un signo de vida levanta el puño para pedir silencio, y todos callan. “La soledad de quien levanta el puño mientras busca vida entre los escombros de la guerra, se hace comunidad”, leyó en el mensaje que en esta reunión dio.
Las buscadoras, dijo, son quienes hoy levantan ese puño. “Con el silencio abrazamos a quien admiramos, respetamos y queremos”, añadió. Resumió el propósito del viaje en una palabra: “Vamos a decirles ‘gracias’”.
Citó también a Moisés: “somos sus hijas y sus hijos”. Y anunció que avisarán con tiempo la salida de los autobuses desde el CIDECI.
Para el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (Frayba), el abrazo es también una forma de organización. Pedro Faro, en nombre del centro, dijo que el gesto zapatista “representa la posibilidad de un encuentro que permita tender puentes más allá de lo local, articular luchas”. “Aquí no importan las religiones, las culturas, las afinidades políticas ni los territorios”, agregó.
“Le hemos llamado cementerio clandestino”
La invitación al Ajusco la explicó una madre del colectivo Una Luz en el Camino. Busca a su hijo Axel Daniel, desaparecido el 23 de junio de 2022 en esa zona de la alcaldía Tlalpan, cuando tenía 16 años. Su testimonio es el señalamiento más directo de la tarde sobre el crimen organizado.
“El crimen organizado ha tomado fuerza en este lugar con casas de seguridad, cobro de piso, tala clandestina”, dijo. Su hipótesis sobre la desaparición de su hijo la dijo con cautela: “Axel posiblemente fue reclutado por el crimen organizado”. Y señaló a células “de la Ciudad de México” y “de otros estados como Sinaloa”.
Describió el Ajusco como un corredor: “es el paso también del Estado de México, del Estado de Morelos, del Estado de Guerrero”. Por eso, dijo, se ha usado para depositar a quienes las familias llaman “tesoros”, sus desaparecidos.
Ella misma, dijo, construyó la línea de investigación para localizar a su hijo. “No ha sido suficiente para las autoridades”, dijo, “incluso arriesgando mi propia vida, la vida de mi familia y de mis otros dos hijos”.
Ella se integró a las búsquedas en campo en 2022. “Yo no sabía que iba a buscar un resto humano”, recordó. Detrás de las desapariciones de niñas, niños y adolescentes, dijo, están la trata con fines sexuales y el tráfico de órganos. “Es muy difícil saber en cuál de estas violencias mi hijo está siendo utilizado”.
Según la buscadora, en diciembre de 2025 se recuperaron en el Ajusco 32 restos humanos. Hasta ahora se sabe que pertenecen a tres hombres y una mujer; ninguno es Axel. En esas fechas, medios capitalinos reportaron el hallazgo de restos óseos en el Mirador Topilejo. Lo hicieron los colectivos Hasta Encontrarles y Una Luz en el Camino, con peritos federales de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.
Otra integrante del colectivo no pudo asistir porque acompañaba a otras familias. Envió a la comandancia zapatista una carta escrita a mano. Su hija desapareció en 2020 en el oriente de la ciudad y fue localizada en el Ajusco en 2024: “solo encontramos el cráneo y algunas vértebras”, relató la madre de Axel. La investigación apuntaba a trata. Siguen buscando el resto.
“Yo habito ese lugar y puedo contarles que es un lugar muy bonito, muy recreativo, familiar”, dijo la madre de Axel, “pero también un cementerio clandestino le hemos llamado”. En la Ciudad de México, reconoció, “hemos tenido apertura”, pero “no ha sido la suficiente respuesta”.
Buzones de paz: cajas en iglesias para que alguien diga dónde están
La herramienta que la buscadora pidió replicar en Chiapas son los buzones de paz. Según su relato, nacieron en 2016 durante una brigada nacional de búsqueda en Veracruz. Son cajas que las propias familias decoran y colocan en sitios específicos; en Tlalpan, en iglesias.
“Todo mensaje que llegue ahí es de manera anónima”, explicó, “y es lo que nos ayudó el año pasado a recuperar los 32 restos humanos”. El objetivo es cubrir las 16 alcaldías de la capital y luego todo el país.
No todo lo que llega son pistas. “También mensajes con oraciones, palabras de aliento para poder continuar con la búsqueda”, dijo.
“No compartimos visiones, ni valores”, pero sí un camino
La invitación formal al Ajusco la leyó una buscadora de Sonora. Habló en nombre de la Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, la Red de Enlaces Nacionales y la Red Unida Siempre Buscando. Según dijo, esta última reúne a 16 colectivos de 11 estados. Empezó corrigiendo el nombre con el que se conoce a su movimiento: “No me voy a dirigir a que somos madres buscadoras. Somos familias, porque somos padres, hijos, hermanos”.
Pidió a los zapatistas “buscar juntos, visitar puntos de hallazgos donde hemos encontrado nuestros tesoros” y dialogar “sobre los valores zapatistas, formas, organización colectiva”. Los llamó “nuestros compas para nuestra lucha”.
También reconoció que el movimiento de búsqueda no es homogéneo. Hay compañeras y compañeros “con las cuales no compartimos visiones, ni misiones, ni valores”. Pero, dijo, “respetamos el principio de lucha de otras personas que buscan a su modo y respetamos también sus formas con tal de regresar a casa a sus seres queridos”.
Enumeró lo que han enfrentado en el camino: cosas “tan absurdas como la burocracia, tan violentas como el crimen organizado, tan injusto como la corrupción del Estado”. Dijo que aprendieron de buscadores como Mario Vergara y María Herrera, “mamá Mari”, y a “perderle el miedo a las autoridades o cuerpos castrenses”.
Yermi aprendió a buscar antes de terminar de vivir
La voz chiapaneca de la mesa fue la de una madre del colectivo Buscadoras de Los Altos de Chiapas. Detrás de ella colgaba una lona con la palabra “Feminicidio” y el rostro de su hija.
Yermi Yaritzel tenía 18 años y estudiaba enfermería y obstetricia en Ocosingo. Era buscadora, como su madre y su hermano. Buscaba a su padre, Richard Hamilton Pérez Coutiño, taxista desaparecido el 17 de abril de 2024 en el municipio de Tila. “Yermi aprendió a buscar antes de terminar de vivir”, dijo su madre. Eligió la carrera, contó, “con la firme certeza de encontrar vivo a su papá” y para poder cuidarlo.
Yermi fue asesinada el 22 de noviembre de 2025 por alguien en quien confiaba, según su madre. Un hombre está detenido y vinculado a proceso por el crimen, que la familia denuncia como feminicidio. “La vinculación a proceso no es justicia cumplida”, dijo la madre ante la delegación. Exigió al Poder Judicial “una estricta perspectiva de género, sin aplazamientos de audiencia” y una sentencia máxima.
Sobre la desaparición de su esposo, preguntó a la Fiscalía: “¿dónde están los avances?”. En dos años y cinco meses, dijo, “el Estado nos ha dado carpetas vacías”.
Su madre leyó el asesinato como un golpe a la búsqueda misma: “Su feminicidio es también un ataque directo contra el derecho que tenemos las familias a buscar la verdad”. Las madres, dijo, se han visto obligadas “a cambiar la tranquilidad de un hogar por una pala, por un pico, por una ficha y una lona de búsqueda”. “El miedo ya se volvió rabia y la rabia se convirtió en resistencia organizada”.
La violencia contra quienes buscan ya tiene registro. La Fundación para la Justicia documentó 22 buscadoras asesinadas en México entre 2010 y 2025, y dos más desaparecidas.
En Chiapas, las desapariciones crecieron con dos gobiernos
Richard Hamilton desapareció dos meses antes de que, entre el 4 y el 7 de junio de 2024, un grupo armado ocupara Tila. El Frayba documentó entonces asesinatos, violaciones sexuales y el desplazamiento de entre 6 mil y 12 mil personas. Señaló también que el Estado mantenía “en impunidad los crímenes cometidos” en la región.
No es un caso aislado en el estado. Según el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, las desapariciones anuales en Chiapas pasaron de 65 en 2020 a 503 en 2024, durante el gobierno de Rutilio Escandón Cadenas. Ese mismo reporte señalaba que el estado no contaba con centro de identificación forense, panteón forense ni ley local en materia de desaparición.
Con Eduardo Ramírez Aguilar, gobernador desde diciembre de 2024, la tendencia no se revirtió. El Frayba, con datos de Red Lupa, contabilizó más de 2 mil casos activos a mediados de 2026, un aumento de 20% respecto de 2025, entre ellos 404 menores de edad. En el país, la misma fuente registra 133 mil 680 personas desaparecidas.
Colectivos y organizaciones advierten que esas cifras son un piso. El subregistro oficial y la distancia entre los registros y lo que las familias encuentran en campo son parte de la disputa. La buscadora de la Ciudad de México habló, por ejemplo, de que las niñas, niños y adolescentes son el 20% de las personas desaparecidas.
Faro enumeró los obstáculos que el Frayba ha constatado: “comisiones de búsqueda que dilatan, aplazan y fragmentan”, “fiscalías que no investigan, no buscan y no garantizan la protección de las familias”, y “la corrupción de estructuras gubernamentales con la delincuencia organizada”. Para el centro, “la búsqueda es un acto de resistencia frente a la muerte decretada desde las instituciones gubernamentales”.
“Estamos a punto de colapsar”, se escuchó en la mesa.
Para el zapatismo, la desaparición no es una anomalía
El Capitán Marcos tituló su texto Anomalías y normalidades. Sostuvo que la clase política, de derecha a izquierda, trata las desapariciones, los asesinatos y las violencias de género “como ANOMALÍAS del sistema, cualquiera que éste sea”. Para el zapatismo son lo contrario. Las desapariciones forzadas, la explotación, el racismo, el patriarcado y el despojo “son inherentes al sistema”, leyó. “Son su parte esencial, su fundamento”.
Desde ahí explicó por qué nadie está a salvo: “nadie está libre de la amenaza de una desaparición forzada, de un asesinato impune, de un encarcelamiento injusto”. “Ése es el mayor logro del sistema y su civilización: ha conseguido hacer de la desgracia algo cotidiano”.
Y por qué la búsqueda no debería ser solo de las familias: “La búsqueda de verdad y justicia la hemos dejado, irresponsablemente, sólo en los hombros de esos grupos, colectivas y organizaciones, y eso no está cabal”.
La madre de Axel lo dijo desde otro lugar: “No esperar a que nos pase para que podamos sentir el dolor”.
Del 2 de octubre de 1968 a las fosas de hoy
El conversatorio ocurrió 58 años después de la masacre de Tlatelolco, bajo el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Tres de las voces de la mesa unieron esa fecha con la búsqueda.
“El olvido y la violencia del pasado se siguen alimentando de la impunidad de nuestro presente”, dijo la madre de Yermi. “Las plazas públicas ya no solo guardan el eco de los estudiantes caídos. Hoy retumban con los nombres de nuestras hijas asesinadas” y de sus desaparecidos.
“Este 2 de octubre no es de fiesta, es de lucha y protesta”, cerró la buscadora de Sonora.
Durante el conversatorio, en el auditorio, se alzaron velas y luces de celulares. Frente a la mesa, una buscadora abrazó a un integrante de la delegación zapatista. La madre de Yermi había pedido algo antes: “No permitan que el nombre de Yermi se borre”. En su casa, dijo, quedan “una silla vacía en el comedor y una búsqueda inconclusa en los campos”.





