
A seis años de su detención, Alejandra Cuevas Morán reconstruyó las secuelas de los 528 días que pasó encarcelada en el penal de Santa Martha Acatitla y denunció que persiste la impunidad para el exfiscal general Alejandro Gertz Manero y Ernestina Godoy, actual titular de FGR.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) le otorgó la libertad absoluta por unanimidad de 11 votos a cero en marzo de 2022 al determinar que el delito por el que estaba en prisión realmente no existía en la ley.
El conflicto penal inició tras la muerte de Federico Gertz Manero en septiembre de 2015, quien fuera pareja durante más de 50 años de Laura Morán Servín, madre de Alejandra Cuevas.
Tras el fallecimiento, Alejandro Gertz Manero acusó a Laura Morán y a su hija de negligencia en los cuidados médicos de su hermano. El caso fue conocido públicamente en una cobertura de Aristegui Noticias, cuando Gertz Manero no tenía cargo alguno y denunciaba que las autoridades se negaban a escuchar sus argumentos jurídicos.
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Aunque la causa penal permaneció paralizada durante años, cobró un impulso decisivo cuando Gertz Manero asumió la titularidad de la Fiscalía General de la República (FGR) y Ernestina Godoy la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México.
En septiembre de 2020, la fiscalía capitalina procedió contra Cuevas bajo la figura jurídica de “garante accesoria”, un concepto inexistente en el derecho penal mexicano, lo que derivó en la emisión de una orden de aprehensión dictada por una jueza local.
Alejandra Cuevas fue detenida el 16 de octubre de 2020 y trasladada a la prisión de Santa Martha Acatitla, donde permaneció privada de su libertad durante 528 días.
Durante ese periodo, su madre, Laura Morán, de más de 90 años de edad, se convirtió en la prófuga de la justicia de mayor edad en el país y vivió atemorizada con las cortinas cerradas para evitar ser capturada.
Ante el encarcelamiento, sus hijos Alonso, Gonzalo y Ana Paula Castillo Cuevas emprendieron una intensa campaña pública para visibilizar las arbitrariedades del caso.
En respuesta, el propio fiscal Gertz Manero denunció penalmente por supuesta extorsión a Alonso Castillo Cuevas ante la FGR, acusación que el afectado desestimó al señalar que sus declaraciones se encontraban protegidas por el ejercicio del periodismo y la libertad de expresión.
Los familiares de la mujer lograron victorias jurídicas, pero antes de un fallo determinante Gertz Manero utilizó su puesto en la FGR para solicitar que el caso fuera estudiado por el máximo tribunal del país. Mientras los días pasaban sin que se resolviera el asunto, los hijos Castillo Cuevas le exigieron personalmente al entonces ministro presidente, Arturo Zaldívar, una resolución justa. La escena se dio en un foro de la Universidad Iberoamericana.
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El fallo definitivo ocurrió cuando el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió por unanimidad absolver a ambas mujeres y ordenar la inmediata liberación de Alejandra Cuevas.
El Máximo Tribunal determinó que no existían elementos ni sustento legal para atribuirles el delito de falta de cuidado.
Pese al fallo judicial, el daño sobre la familia resultó irreparable. Laura Morán falleció el 29 de febrero de 2024 a los 95 años sin recibir una disculpa pública ni la reparación del daño por parte de las autoridades mexicanas.
Ante la falta de sanciones a los funcionarios responsables en México, Alejandra Cuevas acudió a Washington en junio de 2025 para interponer una denuncia formal ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
En su exposición ante el organismo internacional, acusó que las instituciones mexicanas le fallaron y solicitó la priorización del expediente contra el Estado por violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
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Paralelamente a su exigencia internacional, Cuevas canalizó su experiencia en prisión impulsando el apoyo a mujeres privadas de la libertad en Santa Martha Acatitla, colaborando en la liberación de 31 mujeres y donando alimentos, colchones y calzado. Asimismo, documentó los detalles de la persecución en el libro titulado “El Verdugo”.
A seis años de su arresto, Alejandra Cuevas enfatizó que en México salir libre siendo inocente constituye un privilegio excepcional que la mayoría de las personas privadas de la libertad no logran alcanzar.
Cuevas cuestionó severamente que los funcionarios implicados en su encarcelamiento hayan sido promovidos a cargos de relevancia pública, señalando a Gertz Manero como embajador de México en el Reino Unido y a Ernestina Godoy al frente de la FGR.
Además, criticó la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum por calificar como el cierre de una “nueva etapa” la gestión del exfiscal, exigiendo un reconocimiento explícito de la responsabilidad del Estado, una disculpa pública para su familia y la destitución de los servidores públicos involucrados.
Aquí su reflexión completa, a seis años de su encarcelamiento:
Durante meses, mi madre vivió con las cortinas cerradas, completamente a oscuras, por miedo. Tenía más de noventa años y una orden de aprehensión a su nombre. Yo no podía hacer nada por ella, porque estaba en la cárcel.
Hoy se cumplen seis años de aquel 16 de octubre de 2020 en que me llevaron presa. Pasé ahí 528 días. Mis hijos hicieron a un lado sus vidas para sacarme.
La Suprema Corte, por unanimidad, me devolvió la libertad. La figura jurídica con la que me encarcelaron no existe en nuestras leyes. La ley no alcanzaba para encerrarme, y me encerraron de todas formas.
Alejandro Gertz Manero impulsó esa acusación. Hoy es embajador de México en el Reino Unido. Ernestina Godoy dirigía la Fiscalía que la sostuvo. Hoy encabeza la Fiscalía General de la República. A los dos les ha ido bien. El Estado mexicano ni siquiera respondió a tiempo a nuestra petición ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Yo tuve una familia que no se rindió y una Corte que me dio la razón. En México, salir libre siendo inocente es un privilegio. Hoy pienso en las madres que buscan a sus hijos debajo de la tierra, en las personas que llevan años presas esperando una sentencia, en las familias que se quedan sin nada tocando puertas que no se abren. A ellas casi nadie las lee.
Por eso le pido algo a quien llegó hasta aquí. La próxima vez que veas que alguien lleva años encerrado sin sentencia, o que una madre sigue buscando, no pases a la siguiente noticia. Compártelo, pregunta, nombra a los responsables. Lo que a mí me salvó fue que mucha gente no se quedó callada.
No quiero que me feliciten por haber aguantado. Quiero saber por qué tuve que aguantar, y quién va a responder por lo que la Corte tuvo que corregir.
A mí me devolvieron la libertad. Mi madre ya murió. Nadie le va a devolver los meses que pasó a oscuras en su propia casa.
A ella no tuvieron que encerrarla en una celda para robarle una parte de la vida que le quedaba.
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