Telenovela: Carla Trujillo cosecha el sueño de un “Corazón de Oro”



La actriz Carla Trujillo atraviesa un momento decisivo en su carrera. Originaria de Guadalajara, su nombre comienza a resonar a nivel nacional con el estreno de “Corazón de Oro”, una producción que no solo la coloca por primera vez en el horario estelar, sino que la introduce de lleno en la lógica de la televisión de largo aliento. 

Para Trujillo, el proyecto representa algo más que un crédito nuevo: es la materialización de un trayecto marcado por la constancia, la formación y una vocación sostenida incluso en los momentos de mayor incertidumbre, cuenta en entrevista con EL INFORMADOR.

La llegada a “Corazón de Oro” supone también un reconocimiento dentro de una industria particularmente competida. En un medio donde los procesos suelen ser largos y excluyentes, la actriz asume este paso con una mezcla de entusiasmo y conciencia del lugar que ocupa. “Estoy feliz, me siento muy ilusionada, muy privilegiada y bendecida de ser parte de este proyecto, porque a mucha gente le toma años poder llegar a tomar un papel en esta industria que esté tan presente en una novela y que se mantenga a lo largo de ella. Me siento muy privilegiada, esa es la palabra”, expresa.

Su incorporación al elenco no fue producto del azar ni de una cercanía previa con los circuitos televisivos. Formada en la licenciatura en actuación de Casa Azul, Trujillo llegó al casting gracias a una recomendación institucional, uno de los pocos canales formales que aún permiten la inserción de nuevos perfiles. “Tengo entendido que me recomendaron de parte de mi escuela… Casa Azul me recomendó porque tiene un catálogo de egresados. Después de eso me contactaron para ir a hacer la audición. Llegué y había alrededor de 30 niñas, en realidad eran bastantes, como 40 chicas. Así fue como me contactaron y así quedé con el papel”, recuerda, describiendo un proceso que evidencia la alta competencia por un lugar dentro del melodrama televisivo.

En la historia, Carla Trujillo interpreta a “Severina”, un personaje que se despliega a lo largo de prácticamente toda la narrativa. Lejos de ser un rol accesorio, “Severina” funciona como un punto de observación constante dentro del universo de la telenovela. “Mi personaje se llama ‘Severina’. Es una chica joven. Parte de su juventud tiene bastante inocencia. Es muy inocente, muy dulce, pero también tiene una personalidad muy imprudente, quiere que las cosas sean justas, que lo bueno sea bueno y lo malo sea malo”, explica la actriz, delineando una figura que se mueve entre la pureza moral y la rigidez de sus convicciones.

“Severina” trabaja desde niña en la finca de los “Arango Nova”, una familia poderosa vinculada a la producción de vino, y ocupa una posición ambigua dentro de la jerarquía social: es empleada, pero también parte del núcleo afectivo de la casa. Junto a “Tita”, la ama de llaves, se convierte en testigo silenciosa de los conflictos y tensiones que atraviesan a los hacendados.

“Somos testigos, espectadores y confidentes de esta familia. Vemos desde los secretos más oscuros hasta las escenas más fuertes. Cosas que se esconden entre ellos y que solo nosotras sabemos”, señala Trujillo, subrayando el papel narrativo de su personaje como conciencia y memoria dentro del relato.

Desafío histriónico

La relación entre “Severina” y “Tita” aporta además un registro distinto dentro de la estructura melodramática. Interpretada por Cynthia Klitbo, “Tita” es una figura de autoridad afectiva, casi materna, cuya interacción con “Severina” introduce una comedia discreta que matiza el drama. “Es una comedia muy sutil, no forzada. La comedia surge de las situaciones, de la dinámica que tenemos ella y yo y de nuestras personalidades tan distintas”, explica la actriz, quien destaca la naturalidad con la que se construye ese vínculo en pantalla.

El trabajo con Klitbo ha sido, para Trujillo, una experiencia formativa que rebasa el plano estrictamente actoral. Compartir escena con una figura emblemática de la televisión mexicana implica también una transmisión de saberes no escritos. “Ha sido un privilegio, estar al lado de actores tan grandes y con tanta experiencia. Desde la primera lectura hicimos click. Me trata como una amiga, me enseña, me guía, me acompaña, me da mucha confianza”, afirma. 

A ese acompañamiento se suma un aprendizaje práctico sobre el funcionamiento de la industria: “Me ha ayudado no solo a nivel actoral, sino a entender cómo manejar la industria, cómo moverme en televisión, cómo hacer entrevistas”.

Anhelo cumplido

“Corazón de Oro” marca el primer acercamiento de Carla a la dinámica de la telenovela tradicional, un formato que exige resistencia física, disciplina y continuidad emocional.

“Nunca había estado en un proyecto tan largo. Las novelas duran seis meses. Seguimos grabando aunque se esté estrenando al mismo tiempo. Son casi 90 capítulos, una hora cada capítulo. Es bastante trabajo”, explica. 

Sin embargo, esa exigencia se traduce también en una sensación de pertenencia poco común en proyectos más breves. “‘Severina’ aparece en bastantes capítulos, yo diría que en un 70%. Siempre tengo una, dos o tres escenas. Me gusta mucho eso porque me siento muy parte de la novela”.

Un sueño que florece

Originaria de Guadalajara, Carla Trujillo encontró desde muy temprano en la actuación una forma de expresión natural. “Desde chiquita yo era la prima que sentaba a toda la familia y hacía espectáculos”, recuerda. No obstante, el tránsito hacia una decisión profesional estuvo atravesado por el temor y la duda, comunes en quienes optan por una carrera artística. “Formalmente me tomó tiempo decidirlo. Tuve una crisis existencial porque dedicarse a algo artístico da miedo y todo el mundo te dice que te vas a morir de hambre”, confiesa.

La formación llegó de manera gradual: clases de teatro desde los 13 años, escuelas no formales y, finalmente, el traslado a la Ciudad de México para cursar estudios profesionales. “A los 19 entré a una escuela de actuación no formal. Después ingresé a la licenciatura en Casa Azul, que me ha abierto muchas puertas. Soy de Guadalajara y me vine a estudiar a la Ciudad de México”, cuenta. Sin redes familiares dentro del medio, su apuesta fue confiar en el tiempo y en el trabajo sostenido. “Siempre sentí que en algún punto iba a funcionar. No sabía cuándo, pero confiaba en que me iban a dar una oportunidad. Pensaba que con hacer una película en mi vida todo habría valido la pena”.

Hoy, esa intuición comienza a encontrar respaldo en los hechos. “Siento que el esfuerzo está dando resultados y me siento muy satisfecha, feliz y plena”, dice. 

Por ahora, su atención está puesta en “Corazón de Oro”, cuyas grabaciones continúan hasta mayo, aunque su deseo es mantener la continuidad laboral una vez concluido el proyecto. “Espero que al terminar ya haya algo más, porque me gusta estar activa y trabajando”.

Comprometida con la actuación

Más allá de los formatos y los créditos, la actuación sigue siendo para Trujillo un espacio de exploración personal y creativa. “Siempre me pregunté cómo le hacen para ser otra persona, para habitar otra vida. Desde niña he sido muy imaginativa. Me creaba mundos con mis muñecas y sus historias”, recuerda. Con los años, esa fascinación inicial se ha transformado en una comprensión más compleja del oficio. “De grande entendí que no es solo fantasía, es una ciencia. Estoy feliz de haber seguido mi corazón y mis sueños”.

Con el estreno de “Corazón de Oro”, Carla Trujillo consolida un primer capítulo visible de una trayectoria que comenzó lejos de los reflectores, en Guadalajara, y que hoy se proyecta hacia una carrera en construcción, sostenida por la disciplina, la formación y una convicción temprana que decidió no abandonar.

CT

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