Películas: Un edificio que respira maldad



El cine de terror español encuentra una nueva voz con Guillermo Barreira, director y guionista de “El orfanato: La posesión”, cinta que se estrenará en México este 12 de febrero. El filme, protagonizado por Sara Jiménez, se adentra en la historia de “Sofía”, una adolescente de 14 años que decide ingresar al internado donde años atrás desapareció su madre. Su búsqueda comienza tras una sesión espiritista en la que el fantasma de la mujer le pide que encuentre su cuerpo, detonando un viaje cargado de misterio y de confrontación con lo sobrenatural.

La película, que también cuenta con las actuaciones de Ángela Arellano, Lara Boedo, Oti Manzano, Magdalena Broto, Martina Pérez y Elena González-Vallinas, se apoya en la música de Joan Vilà y la fotografía de Federico Taus para construir una atmósfera inquietante en la que el internado funciona como un personaje más.

Barreira explica que la concepción del proyecto surgió de su interés por explorar la fuerza de los espacios como detonantes narrativos y emocionales. “La historia me la planteé a partir de una sensación que quería explorar, y era tratar la localización, el orfanato, casi como un personaje más, como un elemento presente, un elemento que está ahí en todos los planos siempre detrás. Es un edificio de pasillos, de sombras, de habitaciones, donde nos da ecos de nuestra infancia, de cuando explorábamos o imaginábamos que los lugares oscuros contenían fantasmas o misterios mucho peores”, señala el director en entrevista con EL INFORMADOR.

Ese vínculo entre lo físico y lo emocional se convirtió en la base de la película. “Yo partía de relacionar el horror que pudiera haber en ese internado con el trauma que estaba sufriendo la protagonista. Lo que le impide ser feliz y la obliga a emprender una búsqueda para poder resolver su vida. El problema es que ese enfrentamiento se vuelve titánico cuando te enfrentas a un horror sobrenatural, y ese era el tipo de historia que yo quería explorar”, añade.

Si bien la cinta se mueve en los códigos del terror, su desarrollo también estuvo marcado por la capacidad de adaptación durante el rodaje. Barreira reconoce que, aunque el presupuesto era limitado, ese mismo desafío abrió la puerta a giros creativos inesperados. “Siempre se puede trabajar de esa forma. No fue la producción que facilitaba más la improvisación porque la improvisación es un lujo en un rodaje que se obtiene gracias a tener tiempo. Siendo una película independiente donde teníamos una disponibilidad limitada de todo, había que ajustarse”, comenta.

La clave estuvo en leer el entorno y adaptarlo a la historia. “Cuando llegamos observé todo. Vi que lo que antes iba a ser un sótano podía transformarse en el granero donde estaban los animales, porque era valor de producción y también podía tener un sentido metafórico. Encontré un pozo que sirvió mucho mejor para esconder un elemento importante del guion. Como puedes ver, sí hubo improvisación, pero más en adaptarme yo a la localización que en que la localización se adaptara a mí”, detalla.

Ese ejercicio de flexibilidad también se reflejó en el trabajo con los actores, en especial con Magdalena Broto, quien interpreta a la directora del internado. Su personaje, extravagante y perturbador, se convirtió en uno de los hallazgos del filme. “El público ha destacado lo cercano al terror que es el personaje de la directora del internado. Ella tenía una rapidez que a mí me resultó muy placentera como director, porque me permitía tomar direcciones nuevas. En la primera toma salía bien y en la segunda probábamos algo distinto. Eso nos dio más opciones para el montaje y hallazgos muy interesantes, como su reacción en el pasillo del granero. Lo resolvió de forma maravillosa”, recuerda Barreira.

El realizador subraya que esos momentos de invención siempre deben estar en sintonía con el tema central. “Cuando improvisas o inventas ese tipo de cosas, tienen que tener una consonancia con el tema y con cómo el personaje responde a la película. Si no, no se imprimirá obviamente”.

Siente el terror de “El orfanato: La posesión”

“Sofía”, una adolescente de 14 años, intenta reconstruir el misterio que rodea la desaparición de su madre. Durante una sesión espiritista, una ouija le permite establecer contacto con ella… o con algo que dice serlo. El mensaje es claro y aterrador: debe buscarla en el internado donde trabajaba.

Para encontrar respuestas, “Sofía” se matricula en la oscura institución. Lo que comienza como una búsqueda desesperada se transforma en una experiencia límite, donde lo paranormal se mezcla con horrores profundamente humanos. Entre rituales, silencios y muros que parecen observar, la verdad emerge lentamente.

CT

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