Hernán Gómez Bruera, periodista y analista político, criticó el libro “Ni venganza ni perdón”, escrito por Julio Scherer Ibarra, exconsejero jurídico del Ejecutivo Federal, y aseguró que la obra no presenta pruebas que respalden sus afirmaciones y que, lejos de aclarar los señalamientos sobre su gestión, genera confusión y autoincriminaciones.
“No es puntual sobre los casos que menciona y no aporta evidencia; su estrategia es difuminar la información y confundir al lector”, afirmó para Aristegui en Vivo el autor de “Traición en Palacio”.
Según Gómez Bruera, Scherer evita responder de manera clara sobre las críticas y omite detallar los hechos que describe en su libro.
El periodista señaló que, en la reciente entrevista que Scherer concedió a Televisa, el exconsejero jurídico no aclaró los supuestos conflictos de interés ni los detalles de su participación en casos empresariales de alto impacto.
Entre ellos mencionó casos como Juan Collado, Alonso Ancira, Interjet, Cruz Azul, Oro Negro y Aleatica, donde según Gómez Bruera, Scherer habría tenido un papel relevante que no se refleja con claridad ni evidencia en su obra.
“El libro es básicamente embarrar de estiércol a todo el mundo, y al final deja su tema sin tratar; es sorprendente cómo evita dar respuestas concretas y cómo no presenta ninguna prueba de lo que afirma”, dijo Gómez Bruera.
En su análisis, el periodista criticó que Scherer reconoce en el libro la intervención de familiares en algunos de estos casos, pero minimiza su propio papel y no documenta sus afirmaciones con facturas, cotizaciones o evidencias verificables, lo que dificulta comprobar lo que relata.
El libro confunde, no aclara y deja abierta la posibilidad de nuevas investigaciones, su único argumento es negar lo evidente sin sustento.
Gómez Bruera explicó cómo la obra no aborda con detalle los casos específicos como el de Cruz Azul, donde se mencionan cobros y cotizaciones de despachos vinculados a familiares de Scherer que el libro omite; en Interjet se describe su presunta recomendación de despachos sin documentar los acuerdos previos.
En el caso de Juan Collado y Alonso Ancira, dijo, se señalan supuestas gestiones de influencia que no se respaldan con pruebas; en Oro Negro y Aleatica se reconocen conflictos de interés familiares, pero sin explicar el rol directo de Scherer.
El periodista señaló que estas omisiones generan un efecto de confusión porque el lector no puede diferenciar entre hechos comprobados y relatos que carecen de sustento documental.
Nunca entendió bien cuál era su rol; estaba muy ocupado en otras cosas y su oficina casi no estaba en Palacio Nacional; la obra muestra una mezcla constante de interés público y privado.
Hernán Gómez recordó que la segunda edición de su libro “Traición en Palacio”, ahora en formato de bolsillo, incluye un prólogo escrito por él mismo, donde narra los efectos del acoso judicial al que fue sometido por la publicación de su obra y las dificultades que enfrentan los periodistas en México al cubrir casos de alto impacto.
Además, Gómez Bruera criticó que Scherer no aborda en su libro la intervención de la Fiscalía General de la República ni los intentos de judicialización que involucraron a abogados cercanos a él, lo que evidencia, según el periodista, la falta de transparencia y la confusión sobre la actuación de Scherer mientras fue consejero jurídico.
“El libro (‘Ni venganza ni perdón’) deja abierta la posibilidad de nuevas investigaciones, porque hay materia de sobra para un escrutinio independiente sobre la actuación de Scherer”, aseguró Gómez Bruera, en relación a los vacíos de evidencia y la evasión de responsabilidades que identifica en la obra.
La obra de Scherer, insistió Gómez Bruera, demuestra cómo un exfuncionario puede mezclar asuntos públicos y privados al mismo tiempo que controla la narrativa mediática de su gestión.
Finalmente, Hernán Gómez subrayó la importancia de un periodismo crítico y basado en evidencias frente a figuras públicas.
“Este libro demuestra que no basta con entrevistas superficiales; se requiere revisión, documentación y cuestionamiento; el lector debe poder diferenciar entre narrativa y hechos comprobables”, concluyó.



